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Historia del I Ching

EL "LIBRO DE LOS SECRETOS", LA NATURALEZA

La naturaleza es el espejo del cielo.

Como en un espejo, las cosas resultan imágenes invertidas del orden celeste. La ley hermética de correspondencia: "así arriba corno abajo" se aplica en los niveles físicos y psicológicos, pero es necesario tener en cuenta que las leyes de la naturaleza física son correlativas a las leyes de la naturaleza mental.

A partir de esta premisa, los antiguos, que conocían tan bien las leyes de la esfera espiritual y mental es decir, de la naturaleza celeste como de la naturaleza terrestre o física, encontraron los instrumentos idóneos para traducir los arquetipos o quantas celestes en formas inteligibles; formas asociadas con objetos, entidades y fenómenos de la naturaleza, para guiar al hombre en su peregrinaje terrestre. Los antiguos encontraron los lenguajes y códigos adecuados para traducir los movimientos ideales de la esfera superior, en la contemplación de su correspondencia con la esfera inferior y fenoménica. Sigue leyendo...

Desarrollaron la contemplación meditativa y naturalista, vivieron una vida basada en el orden moral y la proporcionalidad ética, el estudio, el trabajo corno servicio y la meditación, y consiguientemente se pusieron en condiciones de ejercitar el alto rol mediador del sabio santo, volviéndose idóneos canales del propósito superior, de la idea motora del reino de las almas.

Al actuar corno almas en la tierra, establecieron la comunicación con sus propios arquetipos celestes, sus almas espirituales, y por consecuencia con el trasfondo universal de la realidad espiritual, de la que emanan y emergen todas las actividades de las esferas intermedias y de la propiamente material o física.

Está dicho en la tradición esotérica que el aspirante debe alcanzar una limpieza y pureza de vida efectivas, mediante la completa obediencia a las leyes morales eternas (reflejo del Orden Supremo regulador de todos los vínculos) y desarrollando una abierta percepción espiritual sin los velos del intelecto ni de las emociones-deseos. Un aspirante en estas condiciones se pone espontáneamente en la actitud y en la aptitud correcta para solicitarle a la Naturaleza (estratificada en los niveles físico, emocional y mental, pero integrada en una perfecta amalgama y unidad en este plano) la comunicación de los secretos que ella tiene resguardados y ocultos

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Secretos que ofrece únicamente al candidato a la iniciación que cumpla con los requisitos mencionados por todos los libros sapienciales y sagrados y por aquellas tradiciones iniciáticas no contaminadas por el deseo personal de arrancar ese conocimiento oculto con fines egoístas.

Tanto en la doctrina de los esplendores o Elohimes de la Cábala, en la Teurgia, como en la concepción de la Doctrina del Fuego de los teósofos y teólogos centroeuropeos del Medioevo y del Renacimiento, subsisten elementos de la tradición contemplativa más arcaica. Estos elementos ponen énfasis en la empatía y en la resonancia existenciales: es decir, en establecer un contacto de mutua atracción con las inteligencias que están detrás de los fenómenos y las entidades de la naturaleza, en el caso de la empatía, y de hacerlo al volverse el eco de las inteligencias superiores a través de una vida de rigurosa limpieza y pureza ética y mental como en el caso de la resonancia

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Los sabios de la antigüedad, ya sea en la Cábala caldea, egipcia y hebraica, como en la Cábala arcaica de los pueblos americanos, o en la concepción cabalística mágica de los sistemas oraculares y sapienciales de Lejano Oriente, los sabios de todo el planeta encontraron en el propio Orden Superior la superestructura de la Creación y la inspiración necesaria para establecer las mensuras celestes-terrestres: en suma, toda la vía simbólica. Precisamente esta vía simbólica apela a la representación abstracta y cifrada (numérica) de las potencias celestes que entran en juego en la tierra.

Los esoteristas antiguos reducían a sus valores numéricos y cifrados todos los hechos de la naturaleza y de la mente. Y esto lo hacían como resultado de comprender y penetrar contemplativamente el Antiguo Canon de las Proporciones celestes-terrestres, del que entre otros pueblos, los egipcios y los chinos, especialmente los taoístas, tenían un amplio conocimiento.
La utilización de mandalas geométricos, pentáculos, grimorios y otras herramientas, con fines diversos, desde la simple magia natural hasta soportes para la visualización y meditación de las verdaderas funciones que los seres espirituales cumplen en su propio plano, dominó la historia oculta de la Ciencia Perdida.

Si bien las abstracciones geométricas cumplían con el objetivo de establecer un circuito entre la mente del operador y la mente Arquetípica Universal, con el Demiurgos, con el Verbo, con el Logos -en contados y especiales casos-, en realidad esta práctica se corrompió y terminó por volverse (especialmente en el uso de los símbolos de la magia ceremonial egipcia, caldea y judaica, como los pantáculos y grimorios) mera necrofilia, al servir de instrumento de evocación de fuerzas de la naturaleza de bajo orden evolutivo.

Particularmente empleada para prácticas mediumnísticas y para alcanzar el dominio de las fuerzas elementales, de las vidas semi-inteligentes detrás de los elementos naturales, de los llamados ángeles lunares o elementales y espíritus de la naturaleza. Esta fue con el tiempo la aplicación más extendida del uso de las formas abstractas, fórmulas y palabras de poder, en manos de iniciados en la Ciencia Oculta que buscaron poder y conocimiento con fines egoístas.

Fue especialmente en la tradición taoísta donde la contemplación de la naturaleza alcanzó su cumbre. Seguramente algo semejante ocurrió entre los antiguos pobladores de las naciones africanas y americanas, y como prueba de ello sobreviven sus distintas cosmogonías planetarias, donde los elementos de la creación divina son representados por animales y objetos de uso, culto y labranza.

De manera semejante en el antiguo Libro de los Cambios o de las Mutaciones, conocido como Yi Ching o Yi King, los sabios antepasados chinos encontraron la revelación de sus intuiciones más hondas sobre el Orden Supremo (el Tao) perfectamente ejemplificadas en pájaros, animales, objetos. Los arquetipos celestes o quantas espirituales (paquetes de luz y de conciencia que se despliegan en el mundo físico) están esparcidos por doquier.

Para entender la superestructura del Libro, es decir, las imágenes y los signos arquetípicos en los que se sostiene, es necesario observar con cuidado la naturaleza y nuestras relaciones, y especialmente la actividad mental paralela y correlativa a esa contemplación, de forma sistemática, si se quiere comprender intuitivamente y a la larga la conexión cierta que está graficada en esas imágenes y signos del Libro.

En los Comentarios de las Diez Alas, introducidos al Libro por Confucio y discípulos de su escuela, existen precisas referencias, en el capítulo Historia de la Cultura, a este evento.

El pasaje dice así:

"Cuando en tiempos arcaicos Pao Hsi gobernaba el mundo, dirigió la mirada hacia arriba y contempló las imágenes en el cielo; dirigió la mirada hacia abajo y contempló los sucesos sobre la tierra. Contempló los dibujos de los pájaros y de los animales y su adaptación a los lugares. En lo inmediato partía de sí mismo, en lo mediato partía de las cosas. Así inventó los ocho signos (trigramas) a fin de ponerse en contacto con las virtudes de los dioses luminosos y de ordenar las condiciones de todos los seres".

Y más adelante continúa:

"Él hizo cordeles anudados y los empleó en redes para la caza y la pesca (la trama de la vida y del destino). Esto lo extrajo sin duda del signo Lo Adherente (Hexagrama 30)".

En el mismo sentido, al partir un leño para hacer la reja de un arado (progreso para el mundo) lo extrajo del signo el Aumento. (Hexagrama 42).

El capítulo pasa a ejemplificar cómo de la contemplación de la naturaleza y de las relaciones humanas, de los roles sociales y de las situaciones existenciales, surgieron por adaptación de los sesenta y cuatro hexagramas todas las cosas creadas por el hombre para vivir en comunidad, siguiéndole el hilo a los símbolos fundamentales que los sabios habían encontrado para graficar la rueda de los acontecimientos cíclicos en constante mutación.



LOS LIBROS SAPIENCIALES Y ORACULARES

Los libros sapienciales, o libros de la Sabiduría, contienen el canon del orden moral universal y arrojan luz sobre las influencias del espíritu en la vida del hombre y de la comunidad.

En general se suele considerar en esta categoría a los libros fundacionales de las religiones planetarias. Un párrafo aparte merece el llamado Libro de los Libros, no precisamente la Biblia judeocristiana, sino el Tratado donde se conserva la memoria de la vida y la historia de la humanidad y el sistema solar, libro del que tuvieron noticia los viajeros europeos llegados del Extremo Oriente. De este tratado Mme. Blavatsky y Alice Bailey publicaron extractos.

Se lo conoce como el Kiu Ti, y algunos de los libros que lo integran, parcialmente revelados, fueron las Estancias de Dzyan, El Libro de los Preceptos de Oro y el Manual o Catecismo del Discípulo. Sigue leyendo...

Contemporáneamente a estas revelaciones se hizo público el tratado de sabiduría angélica conocido como Libro de Urantia. Periódicamente ven la luz tratados y obras de gran complejidad y dificultad acuñadas por sabios y videntes de la antigüedad. Quizás en un contexto paralelo podría situarse el Libro de Philos el Tibetano y apologizado por grupos rosacrucianos, también exhumado a principios del siglo XX, donde se consigna hipotéticamente la historia de la perdida Atlántida.

Aun cuando no todos los libros sapienciales parecen poder utilizarse como oráculos, por el hecho de ser representaciones racionales del orden moral universal subyacente, pueden ser empleados con esos fines.
Así, en la antigüedad, los libros de la Torá, el Antiguo Testamento de la Biblia (posiblemente el Deuteronomio y el Pentateuco), eran consultados como libros oraculares dentro de un libro sapiencial mayor. Lo mismo ocurrió con el Popol Vuh en América, el Zend Avesta, y el Corán.

En la India están perfectamente delimitados los libros sapienciales y los oraculares. Allí, en general, los primeros tienen un cargado tono metafísico o de instrucciones discipulares sobre las disciplinas de desenvolvimiento interno.
No obstante eso, existen evidencias de que los libros del Rig Veda relativos a las fórmulas y procedimientos mágicos y naturales, así como en el Libro de las Leyes del Manú, donde se estudia las diferentes circunstancias de la existencia condicionada o terrena, pudieron ser consultados en forma oracular.

Los libros oraculares han dominado la tradición egipcia y caldea, e impregnaron a la tradición judeocristiana.
Ejemplo muy conocido es el arquetípico Libro de Toth del cual surgió el Tarot, especialmente en sus modificaciones nacionales europeas y contemporáneas.

Este libro registra las evoluciones del alma humana en el peregrinaje peri-iniciátíco, y constituye el modelo universal de las artes adivinatorias con cartas, naipes y estampas.

La enorme cantidad de adiciones contemporáneas a estas colecciones de herramientas adivinatorias parten de premisas comunes al Libro de Toth: es decir, a la preexistencia de un orden secuencial de desenvolvimiento en la vida del hombre y de la sociedad.
Concepto idéntico al de los 8 trigramas y sus resultantes 64 hexagramas en el Libro de los Cambios. Ejemplos de libros oraculares son también los distintos Lilah indos, en los cuales, mediante el aspecto de un juego, el consultante conoce el punto en el que se encuentra y hacia el que avanza en su sendero de desarrollo.

Existen libros oraculares y videnciales de propiedad de algunos individuos custodios que los reciben de sus preceptores.
Tal cual consigna H.S. Cohen "Old Diary Leaves" (traducido como "Historia de la Sociedad Teosófica'), hallándose él en compañía de Mme. Blavatsky en una caverna de un paraje de la India, conocieron allí a un taumaturgo que de un libro muy corpulento predijo su futuro común, abriendo una página al azar y obteniendo la información puntual de que estaba siendo visitado por un hombre y una mujer extranjeros destinados a formar una institución espiritual.

Existen evidencias de la existencia de tales libros videnciales en todo el planeta.
Más modernamente, las Centurias de Nostradamus, en forma velada y argótica, consignan una serie de eventos planetarios, cuya elucidación exige una azarosa penetración en el barroquismo simbólico y época del autor.

Otros libros como el Sepher Yetzirah o el Talmud han sido consultados como oráculos en la tradición judía.
El libro del Apocalipsis de Juan y el Libro de Henoch, otro de los numerosos apocalipsis o revelaciones consideradas apócrifas por los hermeneutas cristianos, arrojan luz cifradamente sobre los eventos que tienen lugar en la fisiología oculta del iniciado y del planeta en trance de dar un salto evolutivo, tal cual lo ejemplifican sus contenidos simbólicos, numerológicos y cabalísticos.

Como ejemplo a citar de este libro, cabe referirse a los siete sellos y las siete iglesias: parecen aludir a los centros de energía planetarios y a los núcleos o ashramas iniciáticos (probablemente a comunidades conectadas con estos), a su situación crítica en la era, así como a los centros de energía que entran en actividad dolorosamente en el candidato a la iniciación, a través de episodios de desgarramiento energético, moral y mental en su farragosa vida, que el evangelista presenta en un tono escatológico y profético.

Los libros oraculares únicos sencillamente son graficaciones de experiencias sistemáticas de clarividencia o visión de los acontecimientos pasados y porvenir en la llamada luz astral.
La clarividencia superior, propia del iniciado, es el único medio legítimo según la Tradición Oculta, para que el hombre evolucionado reciba en sus iniciaciones el poder de reconocer la historia iniciática de su alma en encarnación.

A esto se llama la lectura de los registros akáshicos, sobre los que se ciernen sellos que anulan cualquier pretensión de conocer la vida de un alma.
La apertura de los registros akáshicos es un evento subjetivo e intransferible, enteramente individual que realiza el iniciado, que le revela la travesía de su alma por el mundo hasta la iniciación, así como las alturas que le han de seguir en su viaje evolutivo cósmico, más que eventos menores terrenales.

El desarrollo sistemático de la videncia, o clarividencia astral, permite observar el mundo invertido o luz astral, y leer el pasado y el porvenir de un modo aproximativo; modernamente se le ha llamado, a esta práctica adivinatoria, lectura de los registros akáshicos. En realidad es la lectura y desciframiento del Espejo Astral, o Luz Astral, y de ninguna manera la revelación de los secretos que sólo cada alma individual permite conocer en la ascensión iniciática del candidato.

La mutabilidad y maleabilidad de estos registros astrales se debe, sobre todo, a que son impresos en la luz astral mediante la efusión de la energía de los deseos y de los pensamientos; corriente psíquica que cambia y transcurre conforme a la moción (mundo emocional) propia de las pulsiones y veleidades de esa esfera de nuestra constitución personal.

De allí el valor absolutamente relativo de las mediciones o percepciones de estos cuadros de vida, los cuales, como se dijo, están activos y cambiantes por encontrarse sometidos a la sinergia existencial del principio de la voluntad personal o esfera de los deseos.

Por otra parte, como elemento gravitante en los actos de videncia en la luz astral, la naturaleza de deseos, la naturaleza psíquica del vidente pesquisante -en la medida que no haya sido controlada suficientemente- invade la sustancia psíquica, fuertemente responsiva, afectando la exploración con las propias proyecciones, anhelos y expectativas del vidente, lo cual descalifica casi por completo esta actividad, salvo contados casos de individuos de alta realización.

La infalibilidad y el rigor de estos eventos de prospectiva adivinatoria no existen en absoluto en la inmensa mayoría de las prácticas.
Las llamadas profecías y las exploraciones clarividentes consignadas por escrito y accesibles para el público investigador, plagadas de subjetividades y complejos y argóticos simbolismos de naturaleza astral, prueban sobradamente esta afirmación.

Los registros akáshicos constituyen, por el contrario, los hitos iniciáticos que descorren cada vez más el velo mental que se cierne sobre los poderes integrados del alma; escenas luminosas en las que aquella se apoya para potenciar al hombre personal en que se encuentra entronizada, a través del llamado Cuerpo Causal, Aura Energética Superior o Loto Egoico, el cual en todo caso es el campo superior de energía álmica que se vivifica o potencia (las "cuatro hileras de pétalos" que lo constituyen) en la medida que la peripecia subjetiva del alma coagule como tesoro, virtud o cualidad.

Se trata de una realidad ya pre-existente pero ahora evocada desde la esfera transpersonal por las aspiraciones y actos sapienciales del candidato, y no por la experiencia mundana, mediática y material del hombre personal, del hombre animal.

De todos modos, al plano del tiempo continuo o Mente Arquetípica han pretendido acceder los videntes de todas las épocas.
Pero los sellos que el alma impone para el hombre encarnado que no ha recibido de ella la Iniciación Humana Superior son inviolables y a ellos no se puede acceder externamente: se requiere una experiencia de honda contemplación meditativa y no un trance de sintonía, como en el caso de la lectura de los eventos impresos en la luz astral.

En los registros akáshicos entra en juego la impresión en la sustancia mental de las modulaciones del alma en su ciclo iniciático. Están registrados los eventos subjetivos, causativos, de modo ideal y desde el punto de mira del alma.

El registro akáshico constituye la impresión en la sustancia causal la forma más sutil de energía mental- de la esencia que destilan las experiencias humanas en relación con la iniciación del alma espiritual, que se conserva en el mundo causal y abstracto sólo disponible al iniciado como conocimiento iniciático.

La lectura de los registros en la luz astral se vale de la impresión en la sustancia psíquica del planeta de los incidentes de la existencia física condicionada de las personas.
Se trata de eventos y circunstancias de la vida material impresos en el aura planetaria en donde entra en juego el punto de mira de la persona humana, de la encarnación del alma.

Es el vidente o el medium mediador quien interpreta por sintonía áurica o desde el centro del plexo solar el sentido de esas experiencias materiales para el consultante, apelando semi-conscientemente a su sensitividad psíquica de una forma más o menos sistemática, según se pretende.



EL I CHING Y LA ADIVINACIÓN

El I Ching es a la vez un libro sapiencial y oracular. Es fundamentalmente sapiencial en el espíritu de sus sentencias de sabiduría (Imágenes, Juicios, Dictámenes, Comentarios a la Decisión) y es primordialmente oracular en las Mutaciones, en las seis líneas, los Comentarios a las líneas y en los Tratados posteriores escritos a partir del I Ching para facilitar el cálculo adivinatorio, mediante pronósticos y diagnósticos.

Entre estos Tratados posteriores, algunos de los cuales conocen versiones españolas, y que son primordialmente oraculares y mánticos, podemos mencionar: 1 Shu Ching, 1 Lin, T' ai Hsüan Ching y Ling Chi Ching.

Si bien inspiradas en la lógica central del Libro de los Cambios, estas obras posteriores resuelven el problema de la abstrusa interpretación oracular del I Ching, dificultad casi insalvable para los consultantes occidentales, y deja a la gran obra clásica china en una esfera prominentemente ética e inspiracional, la que le corresponde de forma excelente. Sigue leyendo...

Desde otro punto de vista se trata de una obra previsora, que establece las pautas que seguirá la dinámica de los hechos, a partir de la conducta y calidad moral de la vida actual del consultante. Deja en claro, y en primer plano, que debido a las acciones emprendidas en el pasado, la constelación de vínculos y circunstancias que habrán de presentarse de forma inminente tiene carácter de inevitable y forzosa. Esto nos muestra, en la medida que seamos reflexivos y estemos atentos, el gobierno de una Ley de estricta equidad, para la que ni un solo pensamiento o palabra pasa desapercibido.

Con este espíritu conduce al consultante a la percepción de la grave responsabilidad que se encuentra detrás de cada una de sus acciones en el tiempo, así como a la necesidad de adecuar el pensamiento y la conducta a las premisas ejemplares que recorren sus inspiradas páginas.



HISTORIA Y ORÍGENES DEL I CHING A LA LUZ DEL ESOTERISMO

Los orígenes del Libro de las Mutaciones se remontan a una Edad de Oro que la Tradición Oculta vincula con la llegada al mundo de Seres Humanos completos, a fin de proporcionar a la surgente Humanidad instrucción y conocimiento acerca de las artes, técnicas y oficios que, una Humanidad que finalmente había alcanzado su estatus de tal, necesitaba para organizarse y crecer.

Como fuera dicho, la Tradición Oculta sitúa este evento en el período de intercepción de la Época Atlante con la emergente Época Aria. En tal crítica instancia se hizo necesario proveer a la familia humana de conocimientos y reglas capaces de poner en movimiento, en actividad, todo lo concerniente a la estatura de humanación que por entonces acababa de adquirir. Este proceso general tiene que ver con la emergencia de Fuerzas Espirituales abocadas a la actualización real de la condición humana, para lo que se requería de un Nuevo Orden y de un nuevo adiestramiento.

Cuando eso ocurrió, las Fuerzas Espirituales siguieron su propia estrategia para potenciar y promover el recién adquirido principio intelectual (la mente). Sigue leyendo...

En distintos puntos del planeta surgieron en aquella Edad una serie de Instructores afectados al mando, gobierno y conducción de los grupos y familias raciales de la Humanidad en cualquier lugar de la Tierra. Para ello introdujeron elementos comunes en el orden de mitos y sistemas de conocimiento que, así la antropología como los investigadores del fenómeno religioso, reconocen presentes en muchos puntos distintos del globo.

Esos elementos simbólicos, míticos y cifrados comunes a toda la Humanidad, constituyen hitos emergentes en la primera etapa del proceso de formación y consolidación del principio intelectual, de la mente humana. Para proceder a efectuar este ajuste en la fisiología oculta del ser humano se requería de un instrumento de instrucción que fuera ej emplar, magistral y paradigmático.

La vida de aquellos Reyes Divinos, propios de las Dinastías Divinas, como los designa la Tradición Oculta, fueron modelos a imitar para la naciente Humanidad. Fueron Individuos Completos designados para proporcionar y difundir los medios correctos para el enaltecimiento moral y espiritual del género humano.

Individuos Completos dotados de la suficiente luz espiritual para servir de inspiración y ejemplo. Aquellos Reyes Divinos proporcionaron a aquella Humanidad los medios, los métodos, las fórmulas, los sistemas de pensamiento que luego proliferarían hasta nuestros días, más o menos oscurecidamente. Toda esa batería de conocimiento y técnica, de arte, ciencia y sabiduría, tiene su origen en el Plan Maestro de las Fuerzas Espirituales para dar curso a un aceleramiento de la evolución de la familia humana. o-En los orígenes de todos los sistemas míticos (y de conocimiento) se encuentran estos Reyes Divinos.

Con el tiempo y según ha sido convalidado por muchos estudiosos de la Antropología y de las Religiones Comparadas, estos Reyes Divinos fueron deificados, glorificados, es decir, euhemerizados por la agradecida Humanidad que recibió de Ellos la inspiración y la luz, y los recursos y técnicas que necesitaba para desarrollarse como comunidad de seres pensantes y prosperar, desde el punto de vista material, moral y espiritual.

Así, a modo de ejemplo, Osiris e Isis, Horus, el propio Hermes, en el Antiguo Egipto; Orfeo en la Hélade, y más claramente Abraham o Brahman en las tradiciones judaicas e indas, no son sino nombres que designan aquellas entidades humanas superiores, deificadas por una Humanidad que, en su condición primitiva no podía hacer otra cosa que proyectarlas en el espacio (físico y metafísico) como modelos divinos.

De allí que la noción de dios personal subsista hasta nuestro días por el hecho sencillo de que la concepción de la deidad procede en sus orígenes del reconocimiento y la gratitud de la Humanidad hacia entidades humanas con un carácter también personal, que inspiraron a los hombres al extremo de recibir culto y adoración, en la medida que aquella incipiente generación de seres humanos era cual rebaño dócil y lleno de ardor emocional.

En este sentido Abraham y Brahman no son sino transformaciones mórficas y numéricas de una misma denominación, como se nota claramente. Fu Hsi, el Emperador Amarillo, fue aquel Rey que, en la Edad de Oro de los pueblos de la antigüedad y en la China, sirvió a la naciente Humanidad trayendo luz e inspiración. Los historiadores de este Tratado Sapiencial, el I Ching, lo suelen reducir a un chamán y a un mago.

Lo sitúan en una época difusa en que los hombres de buena voluntad y los "espíritus" estaban comunicados,' y sugieren que de la interacción entre ambos surgía la conexión con la fuente madre de inspiración (la Mente Universal). Esta es una explicación hasta cierto punto plausible, pero lo que la Tradición Oculta tiene para agregar es que Fu Hsi, así como todos los Reyes Divinos, obtuvieron su inspiración del campo espiritual y por sus propios medios.

Por extensión, en otras comunidades mundiales se desarrolló el mismo principio que luego daría lugar al I Ching. A saber, entre los teúrgos alejandrinos, los teósofos eclécticos, también llamados analogistas, se desarrolló un método, el método analógico alejandrino, el método hermético.

Ellos proponían que el conocimiento directo de las operaciones del alma humana como instrumento de la excelsa Alma Espiritual (mónada), expuesto, espejado en el mundo y en las relaciones en el mundo, aportaba las claves necesarias para entender cada uno de los momentos y eventos de cada circunstancia de la existencia. Este método ha sido también aplicado, con amplia constancia de ello, por la tradición Cabalística Caldea y Judaica.

El método consiste, en el decir de Jesús, en tomar por asalto las puertas del cielo por la obra teúrgica (trabajar y ser como dioses) puesto que lo demás (el mundo y su conocimiento y dominio) entonces nos será dado por añadidura. Una vez que el Iniciado conoce por unidad o fusión la llamada "nube de todas las cosas cognoscibles" (aspecto manifiesto de la Mente Universal), solamente ligándose por fusión con ese nivel del Ser, obtiene aquella parcela de conocimiento que le es requerida para desempeñar y realizar alguna actividad en el mundo. Por extensión, obtiene la luz y la inspiración necesarias para descubrir y reconocer el significado y el sentido de cualquier evento que esté ocurriendo en ese momento, por más minúsculo que sea o parezca.

Este método analógico alejandrino fue también llamado el Canon de las Proporciones o Medidas Celestes-Terrestres, común en la época faraónica de los antiguos egipcios así como en las antigüedades de todos los pueblos cultos del planeta. Es el mismo método que, en última instancia, proveyó a Fu Hsi, el Emperador Amarillo, y a todos los sabios conexo s de su corte, la fórmula para proporcionar a la incipiente Humanidad, simientes, pautas y claves, para que ella desarrollara por sí misma la interpretación y el conocimiento anticipado sobre los sucesos que ocurrían y ocurrirían en el mundo y en cada circunstancia personal. Todo ello con el objetivo de que estuviera en condiciones de encontrar por sí misma los designios o el diseño emanado desde los planos espirituales, el Plan Director o Maestro que incide y gravita antes y por detrás de las acciones.

De modo que, también en la prefiguración original de lo que moderna mente se conoce como el Tratado, I Ching, la Dinastía de Reyes Divinos actuó directamente y de modo inspiracional, proveyendo la suficiente luz e inteligencia para que los ulteriores sabios y discípulos dibujaran y esquematizaran en un conjunto armónico, característico, un método mántico de conocimiento.

J-Fu Hsi no es solamente el iniciador de la Tradición de los Tratados Sapienciales chinos. Es también un nombre particular de una realidad universal. Alude a un estado de humanidad, al que los indos llamaron Manu: el instructor espiritual dotado de jurisdicción en el orden político y cultural de todos los pueblos. Así como Gilgamesh, Noé y a veces Enoch, Fu Hsi se presenta como un nombre nativo del Regente del Primer Rayo, el Manu Vaivasvata, la clave viva desde la que se impulsa y despliega todo nuevo movimiento humano en el planeta.

Tal como enseñó Helena Petrovna Blavatsky en su Doctrina Secreta, la clave del simbolismo arcaico y del misterio de la Humanidad, la Tradición Oculta escogió el mito y la matemática para transmitir el conocimiento de carácter espiritual sobre las leyes que gobiernan el enigma de la vida.

Así, es común encontrar la referencia a los orígenes mítico s del I Ching en relación con un incidente en la vida de Fu Hsi. Encontrándose en la ribera del Río Amarillo, el Emperador Amarillo, sintiéndose arrebatado por la inspiración espiritual nosotros diríamos: en trance meditativo o contemplativo logró percibir muy luego el desplazamiento de una vieja tortuga con un muy llamativo caparazón. De aquella absorción meditativa, de la luz que recibió y del reflejo en el espejo del caparazón, obtuvo, según el mito, la inspiración para identificar en los diseños o dibujos del crustáceo las formas originales, iniciales que evocaron e inspiraron un posterior método desplegado como la clave binaria que está en el eje de la Rueda de los Acontecimientos.

En principio, el Río Amarillo, en la tradición mítica china, representa también como todo río en las antigüedades, "el río de la vida", "la corriente de la vida", y es por excelencia el río chino que tiene que ver con los orígenes de la cultura y de la civilización. De modo que en el río de la vida, en la corriente de la existencia, en el fluir de los hechos: en el nivel en que la Mente Universal imprime el plan, el propósito, en el nivel akáshico, surgió la luz y la inspiración para este Iniciado.

El caparazón de la tortuga nos conduce directamente al arcaico simbolismo mundial de la tortuga como sostén del mundo. Las tradiciones arcaicas presentan a la tortuga ancestral, inmemorial, milenaria, como la parsimoniosa fuerza que marcha con la gravedad aparente de ese animal y que ejemplifica los fenómenos de rotación y traslación de los astros en el espacio. En este caso, del planeta, de nuestro mundo.

La tortuga sostenía al mundo en algunas de las tradiciones arcaicas, y ello no surgía de la ignorancia y credulidad de los hombres, sino de la deliberada elaboración de un mito, de un símbolo; para ejemplificar, para insinuar un sentido nuevo: sostenida sobre una marcha regular (reglar-kármica) como la de la parsimoniosa tortuga y tal como lo conocen los astrónomos, avanza el mundo. Y sobre la corteza del mundo, donde residen las familias de la naturaleza, residen los símbolos y signos detrás de los cuales se teje el tapiz, la urdimbre de los hechos de la vida.

La superficie del caparazón de la tortuga no es más que el ámbito donde ocurre la vida manifestada, la superficie de la tierra, y tiene que ver directamente con que es allí, en el mundo, donde ocurren los eventos que son planeados y difundidos desde el nivel espiritual. Fu Hsi reconoció en el mundo, en los animales, en el trueno, en las nubes, en el tronco que flotaba en el agua del río, en el pájaro, en el buey, en el azote, formas que habían adoptado los arquetipos celestes para expresar un mensaje histórico.

De este modo, el mito del caparazón de la tortuga tiene que ver con el hecho de que toda naturaleza manifestada, expresada, es una cristalización o forma patente y expuesta de un gran Plan Maestro, que pone en acto aquello que en la Mente Divina está en condición prominente. Siguiéndole el rastro a la estela celeste en cada objeto, ser o fenómeno, se puede recobrar el hilo que nos conduzca a través del laberinto a la salida luminosa de la comprensión.

Por otra parte, muchos antropólogos y sinólogos han sugerido que los primeros procedimientos para hacer la lectura de las suertes mágicas, consistían, por ejemplo, en la quema de un caparazón de tortuga con una barra de bronce candente, o la quema de huesos de buey con un leño encendido. Todo ello para obtener signos "arbitrarios" que graficaban las incidentes fuerzas que estaban presentes en el momento de la ceremonia.

El uso de estructuras óseas o cristalizadas para aplicar fuego y obtener signos y símbolos tiene que ver exactamente con el concepto de cristalización o precipitación de las ideas del Plan Divino. Concepto muy caro a la magna ciencia de la Alta Magia y que tiene que ver con invocar internamente y precipitar o materializar físicamente las ideas. Al trabajar sobre hueso, o estructuras óseas, se trabajaba sobre el plano de cristalización, sobre el plano final de la evolución material.

En el pensamiento de los antiguos, aún las cosas y los huesos de los animales tienen que ver con un cierto orden manifiesto, surgido desde una Mente Arquetípica, con un orden evolutivo que avanza en la naturaleza material y que es trasunto de un Orden Primero que emana de la Fuente de Vida.

Otros personajes centrales en la epopeya de la edificación del tratado son el rey Wen y su hijo el duque de Chou. y con ellos surge otro tema esencial de la psicología esotérica: la emersión de los nuevos paradigmas en líneas formativas eventualmente distantes en el tiempo y en el espacio. El rey Wen (literalmente "rey diseño" o "rey escritura") es el agente del Plan que captó, que detectó los mismos principios generales de los antiguos y que, además, poseyendo una mente organizadora y esquematizadora, dio vida a los diseños trigramáticos y luego a los 64 hexagramas.

Terminó por materializar de forma gráfica los nóumenos de las cosas. Cautivo en los calabozos de la dinastía Shang, concibió el esquema general de la obra posterior (I Ching) sin dejar de meditar en la distancia que los separaba a sus contemporáneos de la Edad de Oro y en el tortuoso camino histórico que había seguido la Humanidad hasta su generación, llena de horrores políticos e interpersonales.

Una vez que dispuso las formas ideales, poseyendo las claves de interpretación propias de esa caligrafía matemática, describió símbolos adivinatorios y le atribuyó significados a la presencia de los mismos. A la manera de los pentaclos y grimorios, aquellos nuevos mandalas, en poder de mentes iluminadas, se transformaron en elementos de la magia sapiencial. Empleados para invocar la suprema inspiración del alma y para precipitar sobre el mundo el orden y las excelencias de las regiones del espíritu, pronto se edificó una nueva tradición filo mágica cuyo desarrollo no puede eclipsar el período de oscurantismo que muy luego advino en el Imperio durante muchos siglos.

Su hijo, el duque de Chou, interpretó cada una de las seis líneas de los hexagramas a la luz de la Historia del Imperio y de la Rueda de los Acontecimientos.
Este es el relato mítico, pero la moderna investigación habla de fórmulas, encantos y mantrams en el origen del sistema mandálico y gráfico. De una u otra forma, la asociación de fórmulas o palabras de poder con símbolos gráficos tiene que ver con las tradiciones planetarias de la magia ceremonial. Presente en los Vedas como entre las culturas americanas, el poder de la signatura real fue utilizado y explotado hasta el error por generaciones de operadores mágicos que contribuyeron a enriquecer y rarificar los mensajes originales.

Se dice también que un tal Wu Hsien, "el chamán que tenía el poder de congregar a las fuerzas", descubrió el primer sistema numérico

para ordenar los elementos y las energías mánticas, a partir de la práctica con las varillas de milenrama.
Con el correr de los siglos personalidades de la talla de Confucio y sus discípulos, y el mismo Lao Tse, contribuyeron a comentar el libro, y sus contribuciones aún constan, entre otras secciones, en las llamadas Diez Alas.



YIN YANG

Nos referimos al código binario que determina la Rueda de los Acontecimientos conforme al Tao, el Diseño Interior.

La sabiduría china parte de una realidad inmutable y trascendente, el Sentido Último de todo cuanto existe, al que llama Tao. Este Tao, Dharma, Ley Viva esencial, penetra en todos los órdenes de la realidad manifestada, a partir de una polaridad básica a la que designa como Yin Yang: tinieblas-luz, negativo-positivo, el primer par de complementarios interdependientes que crea la Fuerza Original para desenvolver toda la sucesión de fenómenos y circunstancias que el sabio estudia, descifra y enumera a través de las operaciones mentales posteriores a la contemplación de la vida en manifestación.

En los textos más arcaicos se llama al Tao, el Sentido Primero y Último de la Vida, la Gran Tiniebla y la Gran Madre, lo que nos retrotrae al período que los antropólogos llaman de cultura matriarcal, previo al que desde hace cinco mil años (con la entrada en Kali Yuga) rige las relaciones y condiciona la visión de la actual humanidad, de cultura patriarcal y solar. Esa designación de Gran Tiniebla y Gran Madre está presente en los archivos de la tradición esotérica de la misma manera que en el Taoísmo. Lao Tse sugiere también esta connotación del Tao en su Tao te King.

El Tao penetra hasta el último átomo de materia y se extiende hasta los confines del universo y de la consciencia, por lo cual se lo relaciona con las aguas primordiales de todas las tradiciones cosmogónicas, aguas o energía primordial que fluye inagotablemente alcanzando a impregnar toda la Creación. Sigue leyendo...

En el Libro de los Cambios, los esoteristas chinos que encontraron la base numerológica de los hexagramas clasifican con los números impares (del uno al nueve) a todos los aspectos Yang o celestes y con los números pares (del dos al diez) a todos los aspectos del Yin. Terrestres. Para crear la sucesión hexagramática partieron del número tres (3) en el que integran el cielo y la tierra (1 + 2) y que representa la tríada formativa del oráculo: cielo, tierra y hombre. Por un lado, de esta tríada original básica surge la necesidad de la configuración de los trigramas.

Desde otra perspectiva este código binario parte del uno o punto, la expresión mínima del espacio. A los efectos de la graficación racional se extiende en forma de línea continua para expresar la polaridad positiva Yang, lo continuo y creativo, y en la forma de dos líneas separadas por un espacio en blanco. En esta línea abierta o Yin están presentes las tres fuerzas de forma separada en dos líneas y un espacio vacío, en tanto en la línea continua Yang están presentes las tres fuerzas en tanto unidad indisoluble o condición espiritual de la realidad. Por lo tanto, la línea continua es integradora y constructiva, y la línea discontinua es desintegradora y destructiva. Esto se halla perfectamente expresado en las nociones morales de "sí" y "no". En el "sí" está la Creación en condición de unidad y totalidad indiferenciada o espíritu. En el "no" está la Creación en tanto separación y serie de fenómenos, propios de la naturaleza.

En el periodo de la dinastía Han, floreció la ciencia mágico naturalista del Taoísmo y las indagaciones y permutaciones de las relaciones numéricas de los hexagramas se vincularon a los cinco elementos (agua, madera, fuego, metal, tierra). Esta escuela esotericista en el estudio del Libro subsiste en algunos registros de las Diez Alas, como en los llamados planos del río Amarillo y sus relaciones con los elementos son presentadas en forma de círculo de poder o mandala.

Se ha desarrollado con el tiempo toda una ciencia meditativa y de reflexión a partir de estas configuraciones y la rueda del Cielo Previo y Posterior, diseños donde se sitúan los ocho trigramas en relación con los puntos cardinales y las estaciones, antes de la manifestación, es decir, en la Mente Divina y de modo ideal (en el Cielo Previo) y en la Manifestación (Cielo Posterior). Los magos taoístas penetraron en el curso interno de los signos y símbolos y fueron capaces de desarrollar toda una amplia literatura cifrada sobre el valor adivinatorio y mágico del Libro. De esa literatura abstrusa para el no iniciado, sobreviven aquí y allá las versiones de distintos libros añadidos al I Ching que sirven a los efectos adivinatorios.

En Occidente se ha distorsionado grandemente el valor de este período histórico, especialmente porque los comentaristas de mayor prestigio que visitaron China solían ser clérigos europeos, como en el caso de Legge y R. Wilhelm. Si bien la contribución de este último es fundamental, especialmente para descubrir con riqueza y penetración el dominio ético y sapiencial del Libro de las Mutaciones al público culto occidental, sus prejuicios religiosos lo inhibieron de investigar en el período Han, en lo que sobrevivió a una persecución y quema imperial posterior, lo cual hubiera resultado invalorable para el uso práctico del oráculo y la comprensión cabalística del mismo.



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